Los Lungarni
Las avenidas que acompañan al río muestran una ciudad distinta de la que aparece en las postales. Fachadas ocres, rosadas y amarillas forman una larga escena teatral sobre el agua.
La Pisa que enamora comienza cuando termina la multitud.
La mayoría de quienes visitan Pisa llegan con una única imagen en la mente: la famosa Torre Inclinada. La fotografían, pasean unos minutos por la Piazza dei Miracoli y continúan su viaje. Sin embargo, la verdadera Pisa comienza precisamente donde termina la multitud.
Basta alejarse unas pocas calles para descubrir una ciudad tranquila, llena de plazas elegantes, cafés con terrazas y rincones donde la vida transcurre sin prisas. A orillas del río Arno, los antiguos palacios reflejan sus fachadas en el agua mientras estudiantes, ciclistas y vecinos disfrutan del ambiente cotidiano.
Una pequeña ruta para descubrir la ciudad más allá de su imagen más famosa.
Las avenidas que acompañan al río muestran una ciudad distinta de la que aparece en las postales. Fachadas ocres, rosadas y amarillas forman una larga escena teatral sobre el agua.
Una calle porticada repleta de pequeñas tiendas, librerías y cafeterías. El lugar perfecto para detenerse, pedir un espresso y observar el ritmo cotidiano de la ciudad.
Una de las plazas más bellas de Italia. El Palazzo della Carovana, diseñado por Giorgio Vasari, domina un espacio monumental que sigue vivo gracias a los estudiantes.
Una pequeña iglesia de mármol junto al Arno, delicada y sorprendente. Su escala íntima contrasta con la monumentalidad que la mayoría asocia con Pisa.
Los palacios, los puentes y las fachadas de colores convierten las orillas del río en uno de los paseos más elegantes y tranquilos de la Toscana.
El ritmo se vuelve más pausado, las terrazas se llenan de conversaciones y el río adquiere un tono dorado. Las bicicletas atraviesan las calles del centro y el murmullo de los cafés sustituye poco a poco al ruido del día.
En barrios como San Francesco o San Martino aparecen pequeñas iglesias, patios, mercados y trattorias frecuentadas por quienes viven en la ciudad. No hay grandes grupos ni recorridos obligatorios: solo una Pisa cotidiana, universitaria y profundamente toscana.
Quedarse una noche permite además recuperar la Piazza dei Miracoli cuando muchos visitantes ya se han marchado. Entonces incluso los monumentos más conocidos parecen distintos: más silenciosos, más elegantes y mucho más cercanos.
“Pisa es mucho más que una torre famosa.”
Una ciudad para caminar, mirar y descubrir sin prisas
Alójese en Hotel Lungarno y descubra la ciudad que permanece oculta para la mayoría de los viajeros.
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